En esta oportunidad, la conversación giró en torno al cuidado, la responsabilidad pedagógica y la urgente demanda de alegría en la escuela. Además, se reflexionó sobre aquello que nos liga con nuestra elección por la docencia y sobre lo que hay de belleza en el ejercicio de nuestro oficio.

Con la presencia de Jan Masschelein, de Jorge Larrosa y de Inés Dussel, concluyó la cuarta y última jornada de estudio “Los desafíos de la escuela y la formación docente hoy. Problemas, políticas y experiencias: avances y pendientes”.
En esta oportunidad, la conversación giró en torno al cuidado, la responsabilidad pedagógica y la urgente demanda de la alegría en la escuela; asimismo, en el marco de un presente que no cesa de interrogarnos sobre nuestros haceres, saberes y sentidos comunes, se habilitó el diálogo sobre aquello que nos liga con nuestra elección por la docencia y sobre lo que hay de belleza en el ejercicio de nuestro oficio.
El evento se realizó en el edificio del ISEP y contó con la participación de alrededor de 600 asistentes. Estuvieron presentes la Secretaria de Educación de la Provincia, Delia Provinciali; el Secretario de Educación de la Municipalidad de Córdoba, Horacio Ferreyra, y el equipo de gestión del ISEP, además de representantes y referentes de las instituciones que acompañaron la organización de las jornadas: la Universidad Provincial de Córdoba, la Organización de Estados Iberoamericanos, el Instituto de Capacitación e Investigación de la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba y la Sociedad Argentina de Investigación y Enseñanza en Historia de la Educación.
En su intervención, Provinciali celebró que se pongan “en el centro estas temáticas que tienen que ver con la alegría de construir escuela y con la alegría de ser docentes”. A su turno, Horacio Ferreyra valoró la construcción de estos espacios de conversación colectiva: “Cada vez más hay que discutir los sentidos, hay que encontrarse y encontrarnos desde la profesión. El mundo evoluciona de tal manera que nos sobrepasa, así que este espacio es uno más para poder compartir y dialogar”.
En tanto, la directora del ISEP, Adriana Fontana, ponderó el peso que suponen los encuentros presenciales y de intercambio entre colegas, poniendo en perspectiva las búsquedas y los propósitos que supuso la realización de las jornadas de estudio, tanto en los encuentros que dispusieron conferencias y diálogos así como en los talleres en los institutos de formación docente de diferentes puntos de la provincia. Al respecto, y valorando la presencialidad, destacó: “Queríamos tomarnos revancha de la pandemia, sacudir esa distancia y esa frialdad; tener esa alegría de los cuerpos cerca; queríamos encontrarnos, queríamos juntarnos en los IFD de la provincia, celebrar esta posibilidad de desplegar equipos de trabajo. Queríamos sentir el peso que tiene la palabra cuando nos miramos. Para pensar estos asuntos, la belleza y la alegría, era necesario juntarnos”.

La belleza del mundo
Jorge Larrosa y Adriana Fontana abrieron la primera mesa de diálogo. En ella, el español recuperó algunos planteos de Simone Weil sobre el amor por la belleza del mundo.
Weil -explicó Larrosa- sostiene que tenemos la tendencia a situarnos en el centro del mundo: a considerar que el mundo es lo que aparece alrededor de mí. Así, esto propone renunciar a nuestra posición central imaginaria, no solo con la inteligencia, sino también con la imaginación, como el modo de despertar a lo real. Asumiendo ese lugar, el especialista reflexionó: “En la escuela nos gusta decir que lo que está en el centro es el mundo, la materia de estudio, y que es justamente esa materia de estudio la que provoca todo el movimiento, la que puede descentrar al sujeto, hacer que salga de sí mismo y despierte a lo real”.
De este modo, el especialista nos propuso pensar la belleza asociada a ese descentramiento, a mirar y reconocer a las cosas y a los seres tal cual son. Tiene que ver, entonces, con atender a ese mundo. En esta línea, explicó:
“Simone Weil también nos dice que la atención es la forma más rara y más pura de la generosidad. La maldad tiene que ver con la distracción, con que no hacemos el esfuerzo de atención para saber que las cosas y los seres existen. Afear el mundo y las cosas tienen que ver con quitarle realidad. Por eso podemos matar, porque estamos distraídos, le negamos existencias a las cosas y a los seres. En cambio, reconocer la realidad de algo es un acto de amor”.

En el marco de esas reflexiones, habilitó la pregunta en torno a si la belleza es una cualidad de las cosas o algo que depende de las personas. Recuperando los planteos de Kant, sostuvo que no es algo ni objetivo ni subjetivo, sino que tiene que ver con la necesidad de compartir.
“Uno sabe que algo es bello cuando tiene ganas de correr a decirle a un amigo, a compartirlo: mira qué bello es ese árbol, mira qué bello es este poema. Eso me hizo acordar a cuando Masschelein dice que el profesor tiene que hacer que las cosas sean reales; hay que darles realidad, potencia. El hecho de compartirlas hace que las cosas sean más potentes de lo que son. La vocación de enseñar tiene un poco que ver con eso: esa lógica según la cual la pasión del aprender y la pasión del enseñar van de la mano: cuando uno aprende algo, tiene ganas de compartirlo”.
Finalmente, recuperó el planteo de Weil al sostener que la belleza es la única finalidad en este mundo, en tanto no es un medio para otra cosa: es una finalidad en sí misma. Es la belleza de lo que es, no de lo que debería ser. Para el español, eso resuena muy fuertemente en la escuela: la materia de estudio tiene que ser interesante en sí misma, y la tarea de enseñar, quizás, tenga que ver con compartir algo que vale la pena del mundo.
Y concluyó: “En la Antigua Grecia, la palabra belleza es ontológica y no estética. Es una cualidad de las cosas cuando son esencialmente, cuando son lo que son. Decimos que una escuela es linda cuando es verdaderamente una escuela, cuando muestra su esplendor, y en ese esplendor están también sus fracasos. Si le damos la belleza a lo decorativo, el shopping nos gana siempre, porque puede disfrazar de escuela algo que no es una escuela”.
A su turno, Adriana Fontana repuso la noción de las alegrías que habitan la escuela y la tarea docente, vinculadas al encuentro y a la posibilidad de la transmisión. Recuperando a Marc Augé, profundizó en que se trata de alegrías que superan la época, el terror, la edad o la enfermedad, de las alegrías que existen pese a todo. Como si nos diéramos cuenta, de repente, del hilo que enlaza nuestros días y nos ayuda a vivir / seguir enseñando.
En ese marco, hizo especial hincapié en ese “pese a todo” y en las posibilidades que la escuela ofrece a cada estudiante de abrir nuevos mundos. “Lo que ocurre en ese momento -cerró recuperando a Meirieu en Cartas a un joven profesor (2006)- es, propiamente dicho, extraordinario: contra todas las formas de fatalidad y a pesar de todas las dificultades objetivas, en la clase se produce transmisión. Los alumnos comprenden, aprenden, progresan cuando ya nadie lo esperaba”.
La escuela perfecta
Bajo la mesa de diálogo titulada “La urgente demanda de la alegría escolar”, Jan Masschelein invitó a un ejercicio reflexivo como estrategia para profundizar en la comprensión de lo escolar. En ese sentido, propuso estructurar la conversación en torno a la pregunta: ¿cómo es una escuela perfecta?
“El mejor ejemplo -sostuvo- es el hospital escuela para niños con enfermedades terminales”. Así, en su disertación desplegó una serie de argumentos en torno a ello.
- Se trata de una escuela que no tiene un fin en sí misma: “No funciona como un instrumento, porque no van a recibir un diploma, porque no van a acceder a la Educación Superior; (…) la escuela no es un instrumento para otra cosa”.
- Ofrece una experiencia significativa: “Lo que hacen es animar, en el sentido de las ánimas: les dan vida a las almas”.
- Representa a la escuela en su forma pedagógica, que es una forma de compañía: “Los docentes hacen el esfuerzo para crear el tiempo. Al crear el tiempo, se crea un espacio relacionado con ese tiempo para el aprendizaje. En la scholé, que se traduce como el tiempo libre, se usa también la acepción de tiempo para el mundo… y yo diría tiempo para los mundos”.
- Reconoce a cada uno/a como estudiante: “En el marco de esa compañía, el docente no aborda a estos estudiantes como pacientes, sino como estudiantes. El punto de partida es que nunca sabemos de lo que es capaz un estudiante. Hablamos de la evidencia, de la cuestión basada en la evidencia. En la escuela perfecta -de estos estudiantes cerca del final- la evidencia no importa. Se deja de lado lo evidente, que el final está cerca, y se parte de la pregunta sobre de qué es capaz el estudiante. Cuando el docente dice ‘inténtalo’, protege a los estudiantes de esa asociación que tienen con sus diagnósticos”.
- Trae a cada niño/a al presente: “Cuando le dice a cada estudiante ‘inténtalo’, en ese inténtalo, aunque esté enfermo/a, le da un sentido de igualdad. Y atrae a los niños al presente: es un regalo y, a la vez, un presentar algo. Con estas acciones se crea tiempo, aunque el destino esté tan cerca, se suspende el tiempo; en el transcurso entre el pasado y el futuro, llega este presente que existe porque hay un docente que lo convoca”.
Así, el especialista dio cuenta de cómo la escuela perfecta convoca a mundos diversos e invita a sus estudiantes a que los animen, a participar en ellos como si fuera una aventura: la aventura del encuentro y la alegría de ese encuentro. “La alegría de la escuela es la experiencia de descubrir y una forma de rechazar ese destino que acecha”.
Por último, sostuvo que esa alegría tiene que ver con el encuentro, que no es un encuentro personal, sino con los mundos: el profesor tiene que hacer hablar a los mundos para que se produzca el encuentro. Por eso es importante el valor del habla, el hablar de los profesores. “Estamos hablando de un amor, un amor pedagógico; no estamos hablando de una terapia que se le da a un niño enfermo. Hay dos aspectos en este amor pedagógico: un amor al mundo -uno no puede hacer hablar a las rocas si no siente amor por las rocas- y también un amor por las nuevas generaciones”.
Recuperar la conversación sobre la idea de verdad
Inés Dussel fue la encargada de cerrar la conversación y, para eso, retomó el planteo de Masschelein de pensar la escuela como una interrupción entre un pasado y un futuro, complementando que esa operación permite abrir muchas conversaciones.
A la vez, insistió en pensar a la alegría “como una fuerza mayor de la vida”, distanciándose de otros modos de pensar y otras lógicas propias de los medios digitales: “El trabajo que hay que hacer es desacoplar la alegría de la idea de lo divertido, lógica que está muy instalada en las plataformas virtuales”.
En ese punto, ingresó también esa discusión en la escuela: “Habría que pensar la alegría en la escuela. En una relectura de algunas de las cuestiones de Arendt, hay aspectos de convivium, de ese estar juntos, que también son fuentes de alegría y que no implican necesariamente el trabajo con el conocimiento. Me refiero a los patios, a los baños, espacios-otros en la escuela, espacios marginales. También son espacios en los que se aprende algo sobre sí mismos, sobre la autonomía, sobre el mundo. Encuentran el tono en un borde de la regulación; ocurre allí algo de transmitir la herencia y también de transgredirla”.
Por otra parte, se detuvo a profundizar en la noción de verdad y en los estatutos que se han construido a lo largo del tiempo en torno a ella. “La idea de la verdad es una idea que hay que volver a traer al debate curricular; reconociendo esta pluralidad, cómo trabajar el tema de la verdad como un eje en la escuela, en esta época de la posverdad y de las fake news. ¿Qué hace la escuela con eso? No es sólo que le haga lugar a todas las voces, sino qué hago después con ellas”. Señaló que el problema de la verdad, cómo se produce verdad, pueda constituirse en el presente en la marca de la escuela, proponiendo conversaciones sobre cómo y qué procedimientos son necesarios para ponernos de acuerdo y trabajar con la verdad como problema.
Para la pedagoga, la escuela tiene que ver con “heredar problemas”, y los problemas de la verdad, la belleza y la justicia resultan muy relevantes para la vida. “Si la escuela no lo hereda, eso no está disponible en los medios digitales”, enfatizó.

La enseñanza, del aula al taller: haceres y saberes en diálogo
Como parte de la agenda del día, se puso a disposición la muestra “La enseñanza, del aula al taller: haceres y saberes en diálogo”, que nació como producto de los talleres con docentes de diferentes partes de la provincia que se desarrollaron en el marco de las jornadas de estudio.
Los talleres tuvieron como destinatarios a estudiantes, docentes y directivos de todos los niveles del sistema educativo, y se concretaron en modalidad presencial en Institutos de Formación Docente localizados en la Provincia de Córdoba. Fueron coordinados por talleristas de los departamentos del ISEP, talleristas de los propios institutos, profesores y profesoras de la Universidad Provincial de Córdoba (UPC), y contaron con la colaboración de especialistas del Instituto de Capacitación e Investigación de los Educadores de Córdoba (ICIEC). Cada taller se desarrolló en tres encuentros presenciales de trabajo de tres horas de duración.
En ese marco, en esta última jornada de estudio se presentó una muestra de lo acontecido en esa formación. Se dispusieron ocho stand correspondientes a cada uno de los talleres: Ciencias Sociales, Ciencias Naturales, Lengua, Matemática, Oficio docente, Cultura digital, Artes y Educación Física. La muestra puso en escena y compartió el trabajo colectivo que se focalizó en la enseñanza de cada una de esas disciplinas o áreas. Al recorrerlos, las y los docentes podían interactuar con los contenidos de diversos modos, a partir de disparadores específicos que, de formas variadas, ponían en juego saberes disciplinares y del oficio docente. Así, se propició un ámbito de encuentro en el cual poder reflexionar a partir de la experiencia docente.
Sobre las jornadas de estudios
Las jornadas de estudio se desarrollaron desde agosto hasta noviembre de este año. Supusieron habilitar espacios de estudio y conversación entre colegas docentes con el propósito de revisar y analizar los problemas vinculados al oficio docente, en general, y a la enseñanza, en particular.
Pueden explorarse las conversaciones sostenidas en cada una de ellas a través de los enlaces que se enlistan a continuación. Esperamos que se multipliquen, que circulen, que formen parte de procesos situados de formación y reflexión:
- Entre colegas docentes y especialistas del campo de la educación, se concretó la primera jornada de estudio “Los desafíos de la escuela y la formación docente hoy”
- Con el edificio nuevo del ISEP como escenario, se realizó el segundo encuentro de las jornadas de estudio “Los desafíos de la escuela y la formación docente hoy”
- Accesibilidad, participación e igualdad, escenarios de la tercera jornada de estudio “Los desafíos de la escuela y la formación docente hoy”