El ISEP concretó su tercera jornada de estudio. El evento contó con la participación de Beatriz Greco, Gabriela Lamelas, Gabriel D’Iorio, Pablo Pineau, Roxana Perazza y Verónica Kaufmann, entre otros especialistas. Además, se llevaron a cabo mesas de diálogo en donde se discutieron asuntos relevantes vinculados con la autoridad y la responsabilidad pedagógica en la escuela.
La primera conversación en torno a la autoridad en la escuela fue la que desarrollaron Beatriz Greco, doctora en Filosofía y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires y la Universidad París VIII, y Gabriela Lamelas, Doctora en Ciencias de la Educación, Especialista en la Enseñanza de las Ciencias Sociales y Coordinadora del Departamento de Ciencias Sociales del ISEP. La charla planteó diferentes interrogantes sobre cómo sostener la autoridad pedagógica frente al desafío de los nuevos escenarios de transmisión signados por la presencia de los medios digitales; qué jerarquías de saber habilitan o inhabilitan el vínculo de los estudiantes con el conocimiento, y cómo tramar una relación pedagógica habilitante de capacidades y potencialidades, entre otras cuestiones.
Grecco se refirió a la autoridad en la escuela. “Educar tiene que ver con ejercer una posición y un lugar de autoridad entre tiempos. Entre el pasado y el futuro desde un presente, y no linealmente. Hay una enorme complejidad en esa posición de autoridad que no es tan evidente. En la actualidad, rápidamente, aparece la crítica o la desestimación en términos de que la autoridad está en crisis”, expresó.
Y agregó: “Estamos muy acostumbrados y acostumbradas a referir la autoridad a una persona. Cuando nos adentramos en el concepto de autoridad, lo que empezamos a encontrar es que, en realidad, hay algo de ese ejercicio de autoridad que tiene que ver con el hacer escuela, con el sostener una manera de estar con otros en cierto tiempo, en ciertos espacios, con tareas, con posiciones diferenciadas, y ahí es donde empieza a tallar la cuestión de la autoridad: ¿cuál es esa posición que tengo que sostener para provocar en otros procesos, devenires, transformaciones?”.
Finalmente, sostuvo: “Son las transformaciones de época las que hacen a una escuela diferente, democrática; nos interesa pensar que allí hay igualdad, una igualdad que puede componerse con el concepto de autoridad”.
Gabriela Lamelas también se refirió a la noción de autoridad y propuso abordarla desde uno de los principales desafíos a los que se enfrentan los docentes en torno a la disputa por la atención. ¿Cómo convocar la atención en el aula para hacer hablar al mundo? ¿Qué desafíos nos plantea la dispersión, la sobreabundancia, la fugacidad para hacer posible el estudio?
Recuperando a Maschellein y Simons, la especialista sostiene que “la escuela es precisamente una forma de generar atención hacia el mundo y esa no es una atención que se da espontáneamente sino que la escuela propone formas de vincularse con el mundo que tiene que ver diferentes operaciones de trabajo con ese conocimiento. El desafío para los docentes es cómo proponemos acciones, búsquedas que permitan vincularnos con el conocimiento desde el lugar de la pregunta, desde un lugar que desafíe, que ponga esa pregunta a pensar”.
Asume que en el escenario actual los docentes tienen una tarea fundamental: acompañar los cambios de la época, los cambios tecnológicos, los desafíos que la incorporación de los medios y la tecnología traen a la enseñanza. Y propone recuperar el lugar de los enseñantes. Enfatiza que son los docentes quienes pueden disponer de una escena valiosa, potente, que plantee preguntas, ejercicios, que puedan organizar una aventura con el conocimiento, un reconocimiento del saber que convoca a pensar como un modo de habilitar la autoridad pedagógica.
Gabriela Lamelas y Pablo Pineau, profesor titular regular de la cátedra de Historia de la Educación Argentina y Latinoamericana (FFyL-UBA), conversaron sobre el proyecto del ISEP Itinerarios en el tiempo: una cartografía de la formación docente en Córdoba, que propone reconstruir, a través de diferentes lenguajes y desde una perspectiva socio-histórica y pedagógica, el proceso de institucionalización de la formación docente en Córdoba.
Durante la charla, se retomó y profundizó una conversación latente sobre los problemas, las tensiones y las alegrías que habitan en el devenir de las instituciones y que operan en las formas que ha ido tomando la formación docente. Para ello, los especialistas compusieron una polifonía entre aquellos que habitaron, habitan y hacen las instituciones, y aquellos estudiosos de la historia de la educación y de la formación docente en particular.
Pineau puso en tensión tres argumentos fundamentales que subyacen a los orígenes de las escuelas normales: “Maestro no se nace. Maestro se hace. Hay que concurrir a alguna institución específica para aprender los saberes específicos. Eso lo hacen las escuelas normales. Otra base es que un maestro se forma siempre con teoría y con práctica. Es inevitable que con teoría solo no alcanza, y con práctica solo no alcanza. Toda formación docente tiene que tener teoría y práctica. En tanto, la tercera base de la escuela normal es que hay saberes específicos y formas. En la pandemia, los padres se dieron cuenta de que para enseñar no alcanza con querer enseñar. La tecnología no es sinónimo de enseñanza. Para enseñar no alcanza con querer hacerlo”.
Más tarde fue el turno de Gabriel D’Iorio, profesor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y doctorando en Artes por la Universidad Nacional de las Artes (UNA), y de Beatriz Greco, quienes convocaron a la mesa de diálogo “La curiosidad por las cosas del mundo: entre Arendt y Rancière”
D’Iorio fue el encargado de responder algunos interrogantes: ¿cómo hacer lugar, desde el ejercicio cotidiano de la docencia, a la conversación incesante sobre las cosas del mundo, de modo tal que resulte desafiante para todos, que contrapese lo efímero? ¿Qué pueden convidarnos las obras de Arendt y Rancière frente a estos interrogantes?
Ante estas cuestiones, D´Iorio respondió: “La presencia de Rancière se legitima en el hecho de que las preguntas sobre las que trabaja son definitorias para pensar la relación entre filosofía y educación. No tanto sus respuestas, sino sus preguntas, el método con el que trabaja. Lo que de alguna manera legitima su presencia, su voz, el hecho de que lo estudiemos, es que, efectivamente, a través de un conjunto de preguntas e indagaciones, Rancière nos pone de frente los mismos problemas que nosotros enfrentamos en el hecho cotidiano de enseñar”.
En ese sentido, Greco destacó: “Una de las enormes potencialidades que trae la obra rancieriana y que Gabriel D’Iorio recupera en el primer capítulo del libro La curiosidad por las cosas del mundo. Apuntes sobre la filosofía de Jacques Rancière es este método de la igualdad, que no se contenta con intentar aplicar una teoría para llevar a cabo las prácticas. Tampoco nos deja con relatos de prácticas sin atravesarlos con el pensamiento, sino que traza un círculo en donde mete la voz de los obreros del siglo XIX, lo mete a Platón, al sociólogo francés Pierre Bourdieu, a la discusión que se estaba dando en Francia en la década de los ’80 en relación con la educación, toma materiales heterogéneos, voces para pensar en educación y trazar un círculo en donde podamos mirar nuestras escenas en el aula, en el patio, con estos estudiantes, para poder construir un material de análisis en donde las voces de los autores, de D’Iorio y de Rancière, son un contrapunto que atraviesa los siglos”.
Ya entrada la tarde, la tercera jornada de estudio continuó desarrollándose con dos mesas de debate paralelas que cerraron un encuentro plagado de pensamientos y de reflexiones en torno a la educación.
Esta mesa de diálogo abrió la conversación sobre uno de los desafíos más fuertes que la agenda educativa atiende, que es la necesidad de fortalecer la escuela para garantizar que cualquier persona, más allá de sus características físicas, sociales, étnicas, o de género, pueda ingresar, transitar, participar activamente y egresar de las instituciones educativas.
La perspectiva del derecho a la accesibilidad asume un rol prioritario en este desafío, ya que nos permite repensar modos homogeneizantes de ser y hacer en la escuela; deconstruir conceptos naturalizados y reconstruir sentidos.
Gabriela Migueltorena, miembro del Programa de Accesibilidad Académica de la Universidad Provincial de Córdoba (UPC), señaló: “La escuela se puede pensar enteramente desde la accesibilidad. Con las comunidades, las redes, las relaciones, es posible desarrollar estrategias educativas para superar las barreras de la discapacidad. La presencia de los apoyos es lo que visibiliza la accesibilidad. Si no hay apoyos, quedamos en el plano de los discursos”.
Por su parte, Paula Rubiolo, magíster en Educación Especial, indicó: “Para generar prácticas educativas que construyan accesibilidad, es necesario pensar la diversidad como una norma, no como una excepción. Y poder pensar propuestas curriculares flexibles”.

Roxana Perazza, licenciada en Ciencias de la Educación (UBA), y Verónica Kaufmann, licenciada en Ciencias de la Educación y profesora de Educación Preescolar, fueron las encargadas de iniciar la conversación sobre ciertas dimensiones naturalizadas respecto al oficio de enseñar y a los procesos de aprendizaje, que pueden convertirse en oportunidades para problematizarlos en el nivel de educación inicial y primario en el tiempo presente.
Kaufmann destacó: “El jardín de infantes tiene, entre sus propósitos, alentar, diversificar y potenciar las posibilidades de juego porque entendemos la importancia que eso tiene en el desarrollo infantil, y reconocemos que hay algunas de las cosas que se aprenden en el jardín que se pueden aprender a través del juego”.
Y agregó: “Por lo general, se ve una importante disociación entre jugar y ‘aprender’. Dos instancias muy diferentes. El jardín de infantes es el único nivel del sistema educativo que no se puede recuperar, y parte de esa afirmación creo que encierra un orgullo que da algunas oportunidades que otros niveles no la dan. Y la particularidad del nivel inicial es la de jugar, la de alentar el juego, que los chicos diversifiquen, enriquezcan situaciones de juego”.
Finalmente, Perazza tensionó desde la idea que la planificación, como un instrumento de trabajo de los maestros y de las maestras, en términos generales, ha empezado a perder vigencia, presencia. Ejemplificó: “La planificación pasa a ser parte de una herencia de otro maestro. Tomo esa planificación para cumplir con el requisito de presentar la planificación. Hay una suerte de pacto claro donde alguien presentó la planificación y todos sabemos que esa planificación no es producto de un ejercicio reflexivo acerca de la tarea de enseñanza y qué enseñar para ese grupo. Sino que la planificación pasa a ser un trámite más de la vida cotidiana de la escuela. Tenemos que prender un alerta porque es una práctica que se está instalando con determinado consenso por varios actores de las escuelas”.
Próxima jornada de estudio
La cuarta y última jornada de estudio se llevará a cabo el miércoles 15 de noviembre. En este encuentro dialogarán Jan Masschelein, Inés Dussel y Sandra Nicastro.
Se abordarán los desafíos que supone pensar las organizaciones educativas en este particular contexto epocal y cómo se juega allí el oficio de enseñar y de conducir las escuelas. Además, se le hará lugar a un conjunto de diálogos pedagógicos que ponen en el centro de las preocupaciones a la escuela en el Siglo XXI. Se imaginará cómo sería su reinvención y el lugar que asumen allí las relaciones entre la formación docente, las tecnologías y los medios digitales.
La agenda completa y las inscripciones a la cuarta jornada de estudio estarán disponibles próximamente.