El encuentro se realizó mediante una transmisión en vivo por YouTube y propuso un espacio que invitó a reflexionar en torno a la cuestión del enseñar. Se abordaron interrogantes que ayudaron a pensar la escuela y el oficio docente. Repasá, en esta nota, las ideas centrales y accedé al video completo y a la desgrabación de la charla.

El miércoles 9 de septiembre se llevó a cabo el encuentro virtual “El oficio docente y la escuela por venir. Conversaciones desde el escenario actual”, organizado por el ISEP y por la Dirección General de Educación Superior. Dialogaron Jan Masschelein, Jorge Larrosa e Inés Dussel con la moderación de la directora del Instituto, Adriana Fontana.
El conversatorio, que se llevó a cabo mediante una transmisión en vivo por el canal del ISEP en YouTube, propuso un espacio de reflexión en torno a la cuestión de enseñar, de la escuela en el ámbito doméstico y del oficio docente.
Se abordaron diversos interrogantes: ¿qué pasó con esta interrupción en la cotidianeidad de la vida escolar?, ¿qué desafíos nuevos llegaron con la pandemia?, ¿qué sostuvimos del oficio docente y qué tuvimos que renovar?, ¿resulta esta una posibilidad para reinventar la escuela?
La jornada se inició con unas palabras de la directora del ISEP, Adriana Fontana, quien ofreció una introducción sobre las circunstancias que atraviesan la provincia, el país y el mundo a raíz de esta pandemia. En esa intervención, retomó las conversaciones que se venían dando a partir de los encuentros previos con Masschelein, Larrosa y Dussel, y actualizó esas discusiones en el marco del escenario actual. “Hoy nos proponemos reflexionar sobre el oficio de enseñar, sobre la escuela, sobre la defensa de la escuela como una cuestión pública, sobre el profesor como artesano, sobre la escuela como tecnología y sobre las tecnologías digitales en la escuela, cuestiones que la pandemia nos obliga a revisar, pero que ya veníamos pensando porque el siglo XXI nos desafía a hacerlo”.
Posteriormente, Jorge Larrosa comenzó sus reflexiones retomando las primeras líneas del libro Pedagogía del Oprimido (1970), de Paulo Freire, donde describe: “Una vez más, los hombres, desafiados por la dramaticidad de la hora actual, se proponen a sí mismos como problema”. Desde allí, invitó a una variación de esa cita inicial para recuperar los modos en los que los docentes se han debido renovar a lo largo de la historia. Destacó: “No somos ni los primeros ni los últimos, tanto la escuela como el oficio de profesor, que son instituciones milenarias, han tenido que renovarse innumerables veces. Una vez más, los profesores y las profesoras, los que hoy trabajamos en la escuela y para la escuela, somos desafiados por estos momentos dramáticos. El presente siempre ha sido dramático, una vez más. Los profesores y las profesoras se proponen su propio hacer, su propio oficio como problema. Y se proponen el lugar de su hacer, la escuela, como problema”.
A partir de ese planteamiento inicial, Larrosa propuso renovar la confianza tanto en la escuela como en la función de los y las docentes: “Lo que hay que renovar, una vez más, en estos momentos dramáticos, no es otra cosa que nuestra confianza para dar una respuesta a los problemas y a las preguntas que plantea el momento actual, pero tratando de que la escuela siga siendo escuela y de que los profesores sigan siendo profesores”.
En ese sentido, Larrosa instó a profesores y profesoras a reinventar la escuela para que sea ella la que pueda sostenerlos en un oficio: “Tal vez, profesores renovados y reinventados, que eso nunca nos ha dado miedo, y sí lo hemos sabido hacer, pero profesores al fin y al cabo, practicantes de un oficio que tiene que ver con el amor y con el mundo. Y no tengo la menor duda de que, entre todos, una vez más, con una confianza renovada, indagando y respondiendo de forma activa y organizada, lo seguiremos haciendo”.
Respecto al trabajo docente en días de pandemia, cuando muchas de las prácticas se resignificaron y la actividad se expandió hacia modos de hacer distintos, Larrosa sostuvo: “El cierre de las escuelas lo puso todo patas para arriba, hubo un shock para la mayoría de nosotros. Del colapso y de la angustia, pasamos a una cierta ética de la resistencia, acompañada de mucha preocupación y de cierto sufrimiento. Pero lo que siento ahora es como un desánimo general. No usaré la palabra pesimismo, ni la palabra apatía, ni desgana, ni desmoralización o desmotivación, aunque por ahí también va la cosa”.
Y continuó: “Las crisis son aceleradoras de cambios y la pregunta lógicamente es qué cambios queremos y qué cambios no queremos. Y desde luego hacia qué futuro de la escuela y del oficio van esos cambios”.
Posteriormente, Inés Dussel comenzó su intervención retomando las ideas de Larrosa y trayendo a escena una cita de Freud que recuperó Soledad Vercelino, profesora de la Universidad Nacional de Rio Negro, en una conferencia: “Cuando el caminante canta en la oscuridad desmiente su estado de angustia, pero no por ello ve más claro”. Desde allí, reflexionó en torno a estos tiempos: “Probablemente, estos intentos que estamos haciendo de sostener la continuidad pedagógica tienen algo de ese canto de Freud. De a ratos no parece que alumbren mejor el camino, pero la pregunta es si podemos hacer alguna otra cosa que cantar para calmar esta desazón, este descorazonamiento del que hablaba Jorge; si nos iría mejor si nos quedáramos parados y nos pusiéramos a llorar hasta que amanezca”.

Posteriormente, propuso una organización de la conversación en torno a tres ejes principales: ¿qué pasó con el traslado de la escuela a la sede doméstica?, las formas de trabajo escolar y repensar el uso de las pantallas en una época tan particular.
Educación en el hogar
Dussel se refirió a la escuela como un ensamble: “Es un vínculo particular entre espacios, cuerpos, tecnologías, saberes, pedagogías. ¿Qué está pasando con esa mudanza de la escuela al espacio doméstico? ¿Qué se pierde con esa diferenciación de espacios, de tiempos, de reglas, de roles? De repente, estamos dando clases en las cocinas, en los baños, en los lavaderos”.
Al respecto, sostuvo que la pandemia obligó a pensar en cómo sostener una escuela que opere como un umbral para autonomizar. “Lo que estamos viviendo tiene mucho que ver con eso que se ha predicado mucho tiempo, el homeschooling, que dé cada uno clases en su casa, y nos damos cuenta de que no solo no mejora, sino que empeora los problemas que teníamos. Creo que, en este sentido, esa idea de Jan Masschelein y Maarten Simons de la escuela como un espacio-tiempo particular, suspendido, específico, es algo para reivindicar y para repensar en este contexto”, destacó.
La organización del trabajo escolar
El trabajo de maestros y alumnos está condicionado por un conjunto de estructuras, normas y prácticas que ordenan el espacio y el tiempo de la enseñanza. Sin embargo, la asistencia a las aulas dejó de ser algo habitual y comenzamos a experimentar el aislamiento social y obligatorio.
Dussel resaltó: “Ya pasamos la etapa de distribuir tareas con la intención de ganar tiempo, de hacernos presentes en el marco de una situación muy inédita, muy dramática, con esta demanda tan fuerte de no perder el año y no perder la continuidad de los programas.
Estamos aprendiendo que la escuela es más que eso. La escuela es más que el año escolar y es más que sostener o dar el programa completo. No es un centro de distribución de información y de trabajos escolares, sino que es otro tipo de encuentro, encuentro de trabajo con el saber. La pandemia permitió visibilizar el peso que tienen las paredes de la escuela, los soportes, los artefactos”.
Repensar las pantallas en tiempo de pandemia
Las plataformas, en este periodo de contingencia, se han convertido en una eficaz herramienta para continuar la educación a distancia debido a que proporcionan un sentido de compromiso y responsabilidad compartida entre profesores y estudiantes, sin comprometer la capacidad de acceder a materiales de aprendizaje en línea en cualquier momento. Sin embargo, los docentes se encontraron en una encrucijada: el uso de plataformas que jamás habían utilizado y que presentaban muchas aristas desconocidas.
“Nos vamos planteando inquietudes respecto a la escuela del mañana. Me parece que ahí necesitamos muchas más orientaciones sobre cómo usar las plataformas, sus beneficios, sus problemas y también tener muy claro que lo interactivo no está en la plataforma, no es por hacer clic que algo es más interactivo, desafiante, sino por el tipo de trabajo que estamos proponiendo”, detalló Dussel.
La defensa de las y los estudiantes
Finalmente, fue el turno de Jan Masschelein, quien se refirió a la presencia física que no está y que la virtualidad intenta suplir. “Fue increíble encontrar que muchos estudiantes estaban defendiendo la escuela. Algo que muchos de nosotros no esperábamos, quizás, porque la escuela ha sido tildada de aburrida, reglamentaria y demás”, destacó.
En ese marco, argumentó que muchos estudiantes están echando de menos la escuela porque extrañan cierta experiencia de libertad y de igualdad. Explicó: “Esto es precisamente la experiencia de ser estudiantes, que significa no ser hijos o hijas ni tampoco amigos. Una experiencia que está ligada a la posibilidad que tiene la escuela de crear un cierto tiempo y, en ese cierto tiempo, está la posibilidad de generar cierto clima que Jorge Larrosa llama ‘ánimo’ y que se puede traducir como estado de ánimo. Entonces, creo que este tiempo libre de la escuela crea cierto ánimo. Por lo tanto, lo que en realidad están extrañando de la escuela es esa experiencia de libertad e igualdad relacionada con este estado de ánimo que es la escuela”.

Fuerza educativa
En línea con la restitución de la idea de la escuela como espacio-tiempo de libertad y de igualdad, el belga profundizó en que esa posibilidad está relacionada con el estado de ánimo que genera la escuela, es decir con la idea de que ya no estamos predefinidos o predeterminados por nuestro bagaje cultural o por nuestro contexto social. “Estamos, de alguna manera, liberados, eximidos de nuestro hogar y de todo lo que se relaciona con nuestra familia, tradiciones e historia familiar, y estamos habilitados para comenzar algo. Entonces, es una experiencia de libertad que está conectada con algo, no es una experiencia de libertad en abstracto, sino una experiencia de libertad en relación con algo que se revela y que se da a conocer en la escuela”, afirmó.
En ese marco, destacó que es el docente quien debe invitar y seducir al estudiante y, al mismo tiempo, confirmar que sea capaz de comenzar con algo. “La palabra más típica usada por el docente es ‘intentá’. Entonces, esto significa ‘intentá de nuevo’ y también ‘probá esto’. (…) La escuela está creando un cierto tiempo, un cierto estado de ánimo, lo que se podría resumir con esta noción de ‘intentá’, interrumpiendo un cierto tiempo lineal, interrumpiendo también el tiempo social”, agregó.
También se refirió a cómo reinventar la escuela en la nueva normalidad. Señaló: “Creo que es el momento de reinventar la escuela y creo que la reinvención tiene que ver con lo digital, tenemos que usar lo digital; pero la pregunta es si con lo digital somos capaces de crear este estado de ánimo o si somos capaces de crear la posibilidad de la experiencia de libertad y de igualdad que la escuela ofrece si se trabaja en la escuela. El desafío es intentar pensar en cómo podemos usar lo digital para intentar crear esta experiencia de libertad y de igualdad”.
Como cierre, recalcó que son los estudiantes quienes están defendiendo la escuela: “Creo que los estudiantes defienden a la escuela porque ellos desean, en algún sentido, desprenderse de sus familias, desprenderse de sus amigos y tener esa experiencia de libertad y equidad que pueden encontrar en la escuela, al menos, en algunos momentos en los que la escuela transcurre”.